SEO local · 11 min de lectura · Actualizado el

Web para restaurantes: lo que tiene que tener para que reserven

En resumen: La web de un restaurante tiene un solo trabajo: que alguien que llega desde el móvil, con hambre y sin paciencia, reserve en dos toques. Para eso hacen falta cinco pantallas (inicio, carta, reservas, dónde y cuándo, fotos del local), la carta en texto y no en PDF, un botón de reservar que funcione, fotos propias que pesen poco y los mismos datos que en la ficha de Google. Todo lo demás sobra. En nuestra propia web, solo con cambiar cómo cargaban las fuentes, la nota de velocidad en móvil pasó de 65 a 96; en la de un cliente, las fotos pesaban 40 MB en la portada. Si buscas diseño web para restaurantes, esto es lo que hay que pedir y lo que hay que dejar de pedir.

Hay webs de restaurante que son una obra de arte. Pantalla completa, música que arranca sola, un vídeo de humo saliendo de un plato a cámara lenta y, en algún sitio que nadie encuentra, la carta en PDF del año pasado. Las hace una agencia que también hace webs de arquitectos, y se nota. La gente que llega a la web de tu restaurante no quiere emocionarse: quiere saber si abres, qué hay para comer y cómo coge mesa. Y lo quiere desde el móvil, de pie, probablemente en la puerta de otro restaurante que está lleno.

La web de un restaurante tiene un trabajo: que reserven desde el móvil

El diseño web para restaurantes se juzga con una sola pregunta: ¿puede alguien reservar desde el móvil en dos toques sin maldecir? Si la respuesta es no, da igual lo bonita que sea. La web no es un folleto ni un portfolio: es el último paso antes de la mesa. La gente llega a ella desde la ficha de Google, desde un anuncio o desde Instagram, ya medio decidida; lo único que puede hacer la web es rematar o estropearlo.

Por eso va después de la ficha de Google en el orden de prioridades (lo explicamos en la guía de marketing para restaurantes): en nuestras cuentas, el 87 % de las acciones que salen de un anuncio son peticiones de cómo llegar, que se resuelven en el mapa sin pasar por la web. La web entra en juego para lo que el mapa no resuelve: ver la carta entera, reservar un grupo, mirar cómo es la sala. Y ahí tiene que ser rápida y clara, porque llega gente con la decisión casi tomada.

Las 5 pantallas que hacen falta (y las 15 que sobran)

Una web de restaurante que funciona cabe en cinco pantallas. Las de veinte no es que tengan más: es que esconden lo que importa.

Las cinco pantallas de una web de restaurante, qué llevan y qué sobra
Pantalla Qué tiene que llevar Qué sobra
Inicio Qué cocina es, dónde está, si abre ahora y un botón de reservar visible sin hacer scroll El vídeo a pantalla completa que tarda cinco segundos en cargar y la frase «una experiencia única»
Carta Platos y precios en texto, actualizados, con alérgenos El PDF, el carrusel de fotos sin precio y la carta de temporada de hace dos temporadas
Reservas El motor de reservas abierto, no un formulario que alguien contesta mañana El «llámanos» como única opción y el formulario de siete campos
Dónde y cuándo Dirección, mapa, horario con festivos, teléfono que se pulsa y cómo llegar en transporte La página de «contacto» con un formulario y nada más
El local Fotos propias de la sala, la cocina y el equipo, en servicio real «Nuestra filosofía» en 600 palabras y fotos de banco de imágenes

¿Y el blog, la historia, los premios, la tienda, el catering, la galería de eventos? Si existen y tienen uso, bien; si están porque «hay que tener», son quince pantallas que nadie abre y que hacen que la carta cueste más de encontrar.

Carta siempre al día: texto, no PDF

La carta en PDF es el error más común y el más caro. Desde el móvil se abre en otra pestaña, hay que hacer zoom, no se puede buscar y Google la trata como un documento aparte, no como tu carta: en la ficha de Google ni aparece. En texto, cada plato con su precio es una línea que Google entiende, que la persona lee sin zoom y que se cambia en un minuto cuando sube el precio del aceite.

Lo mismo vale para la ficha de Google, que admite la carta en texto y la enseña dentro del mapa; cómo dejarla al día, punto por punto, está en SEO para restaurantes. La regla es una: la carta vive en un solo sitio, se cambia ahí, y web y ficha la muestran. Si hay que cambiarla en tres sitios, al tercer cambio ya no coincide ninguno.

Botellas de vino alineadas sobre la barra de un bar

Reservas integradas: motor propio, TheFork, Restoo

El botón de reservar tiene que abrir un motor de reservas que confirme la mesa en el momento: TheFork, Restoo, CoverManager o el que ya uses. Un formulario de «solicitud de reserva» que alguien contesta cuando puede es, en la práctica, no tener reservas online: quien escribe a las once de la noche ya ha reservado en otro sitio cuando le contestas a las diez de la mañana.

Dos cosas que aprendimos con un motor de reservas en otro dominio. Primera: el enlace tiene que ir directo al motor, no a una página intermedia que redirige. En un restaurante que llevamos, la página de reserva pasó a redirigir al motor y, de un mes a otro, las reservas dejaron de atribuirse a los anuncios y a la web aunque las reservas totales subían un 68 %: el negocio iba mejor y los informes decían lo contrario. Segunda: la analítica tiene que seguir a la persona del dominio de la web al del motor; si no, cada reserva aparece como si hubiera llegado de la nada, y no sabrás nunca qué canal la trajo.

Y un detalle de sala: el botón de reservar no es solo de la web. Tiene que estar también en la ficha de Google y en el perfil de Instagram, apuntando al mismo motor. En Més de Vi, por ejemplo, las reservas hechas desde Google subieron un 23 % en un año mientras bajaban las llamadas: la gente reserva donde le cuesta menos.

Velocidad y fotos: cómo cargar rápido con fotos buenas

Una web de restaurante lenta no es lenta por el diseño: es lenta por las fotos y por las fuentes. En una web de cliente que heredamos, la portada cargaba 40 MB de imágenes, fotos a tamaño de impresión subidas tal cual de la cámara; la más pesada pasó de 8,6 MB a 1,5 MB con una herramienta gratuita y sin que nadie notara la diferencia en pantalla. En la nuestra, solo con dejar de cargar las fuentes desde Google y servirlas desde el propio servidor, la nota de velocidad en móvil pasó de 65 a 96 y el contenido principal pasó de tardar 8,5 segundos a 2,2 en la prueba de Google.

La receta, que no cuesta dinero:

Y las fotos, buenas: propias, en servicio real, con la luz del local. Una foto de banco de imágenes en la web de un restaurante se nota desde la luna, y cuando el cliente llega y la sala no se parece, lo cuenta en la reseña. El material sale de la misma sesión que alimenta la ficha, las redes y los anuncios: fotografía gastronómica hecha una vez y usada en todas partes.

Una mano da la vuelta a una hamburguesa en la plancha

Datos iguales en web, ficha y redes

Nombre, dirección, teléfono y horario tienen que ser idénticos en la web, en la ficha de Google y en Instagram. Idénticos de verdad: el mismo «Carrer» o «Calle», el mismo teléfono con el mismo formato, el mismo horario de festivos. Google compara, y cuando no coincide, desconfía de los tres. Y la gente también: si la web dice que abres a las 20 h y la ficha a las 20:30, alguien llega a las 20:10 y se encuentra la persiana a medio subir. Lo que tiene que tener la ficha, punto por punto, está en ficha de Google de un restaurante.

Las reseñas van en el mismo paquete. No hace falta copiarlas en la web (y en los anuncios de Google ni se pueden poner); hace falta que las de la ficha estén respondidas, también las malas, porque quien mira la web mira la ficha a continuación: cómo hacerlo está en cómo responder reseñas de Google de un restaurante.

Cuánto cuesta y plazos realistas

Una web de cinco pantallas con la carta en texto, el motor de reservas integrado y fotos propias no es un proyecto de meses. Lo que la encarece y la alarga es lo que sobra: las quince pantallas, el vídeo a pantalla completa, la animación del logo. Lo que de verdad lleva tiempo son dos cosas que no dependen del diseñador: tener la carta cerrada con precios y tener las fotos hechas. Con eso en la mano, se mide en semanas.

Lo que nadie presupuesta y hay que pedir: el mantenimiento. Una web de restaurante que nadie actualiza se convierte en una puerta abierta. En otra web que heredamos había 913 comentarios de spam y 28 entradas basura publicadas por un robot, porque una puerta de administración que ya no se usaba seguía abierta desde hacía meses. Cerrarla costó diez minutos; que nadie mirara, cuatro meses. Pide quién actualiza la carta, quién actualiza el sistema y quién mira si algo se ha roto, y cuánto cuesta cada cosa al mes.

Preguntas frecuentes

Antes de encargar la web

¿Necesita web un restaurante si ya tiene ficha de Google e Instagram?

Para salir en el mapa, no: eso lo hace la ficha. La web sirve para lo que el mapa no resuelve: la carta entera con precios, reservar un grupo, ver la sala y que Google lea lo que ofreces. Si no la vas a mantener, mejor una ficha impecable que una web abandonada.

¿Puedo poner la carta en PDF?

Puedes, pero desde el móvil se abre aparte, hay que hacer zoom y la ficha de Google no la enseña como carta. En texto, cada plato con su precio se lee sin zoom, se busca y se cambia en un minuto.

¿Qué motor de reservas pongo?

El que confirme la mesa al momento y el que ya use tu sala: TheFork, Restoo, CoverManager o el propio. Lo importante es que el botón de la web, el de la ficha de Google y el de Instagram abran el mismo motor, con enlace directo y sin páginas intermedias.

¿Cuánto tarda en hacerse una web de restaurante?

Semanas, no meses, si la carta está cerrada con precios y las fotos hechas. Lo que alarga el plazo casi nunca es el diseño: es esperar la carta y las fotos, o añadir pantallas que nadie va a abrir.

Sigue leyendo
SEO local

Ficha de Google para restaurantes: la lista de comprobación completa

SEO local

Cómo responder a las reseñas de Google de un restaurante (también las malas)